Pocos son los que hablan de la muerte con tranquilidad. Mencionarla siquiera nos parece invocarla y es por eso que evitamos el tema, pero siempre he pensado que es algo que se debe platicar y tomar con normalidad (no niego que duele), para que así, todo transcurra como la persona que fallece lo desea.
Yo, ahora que se acerca en México el Día de Muertos, recuerdo que por mi parte he dicho bien claro lo que quiero que ocurra cuando mi cuerpo ya no responda más a los llamados de mi cerebro, y lo digo así, porque estoy segura que aún cuando eso ocurra, mi alma seguirá obedeciendo los llamados de mi corazón.
Como primero punto, he dejado bien claro que no quiero velorio de toda la noche y tampoco que vistan de negro. Quiero que todos usen ropa del color que más les guste, que nadie me vea dentro de un ataúd y que por favor pongan una foto mía donde esté bien feliz, sonriendo a carcajadas. Obviamente, órganos donados e incineración, pero lo más importante es lo que quiero que ocurra luego de todo eso.
Alguien se encargará de comprar macetas con plantitas y en cada una de ellas pondrán un poco de mis cenizas. Estas, serán repartidas entre todos mis seres queridos, el tiempo que la planta siga viva, será el tiempo extra que me tocaba quedarme con esa persona. Cuando la planta muera, entonces sí, les he pedido que me deberán dejar ir.
A veces bromeo y les digo que al que deje marchitar la planta le vendré a jalar las patas, o que también quiero que le den plantita a mis enemigos, así me tendrán en su casa aunque no quieran, a ver quién jijos se atreve a tirar la plantita.
En fin, así es como deseo que las cosas pasen, aunque estoy segura que para que ese momento llegue, deberán pasar muchos años más.
Mientras tanto, el muerto al pozo y el vivo al gozo!